Amor eterno: cuando Dios demuestra que el final no era el final
Hay momentos en la vida en los que creemos estar llegando al final de nuestro camino.
Hace cuatro años, un diagnóstico cambió por completo la manera de mirar el futuro. Todo parecía detenerse. La incertidumbre, el temor y el miedo hicieron pensar que aquella etapa de la vida podía terminar allí.
Pero Dios ya conocía el camino.
Mucho antes de que nosotros podamos entender lo que sucede, Él ya sabe dónde nos llevará. Mucho antes de que podamos ver una salida, su misericordia ya está obrando.
Con el paso del tiempo, el estado de salud comenzó a mejorar. Y aquello que inicialmente parecía ser el final terminó convirtiéndose, por la gracia de Dios, en el comienzo de un camino que yo jamás habría imaginado.
Después llegó una nueva etapa. Comencé a escribir, sin siquiera estar seguro de poder terminar un libro. Luego llegó la música: canciones nuevas y también canciones de otros tiempos, composiciones que me habían acompañado desde mi juventud y que volvieron a cobrar vida, algunas renovadas y otras completamente nuevas.
Pero, mirando hacia atrás, hay algo que tengo cada vez más claro:
la historia nunca fue acerca de lo que yo podía hacer.
Fue acerca de lo que Dios podía hacer.
Fue su misericordia la que sostuvo cuando apareció el temor.
Fue su paz la que comenzó a ocupar el lugar del miedo.
Fue su gracia la que abrió caminos que yo no estaba buscando.
Y fue su amor el que permaneció cuando yo todavía no podía comprender lo que estaba sucediendo.
De ese proceso nació “Amor eterno”.
No nació simplemente como una canción, sino como una declaración de fe. Una canción que primero necesitó mi propio corazón, porque necesitaba recordar que Dios no había estado ausente. Que Él conocía cada paso. Que su amor no dependía de mis méritos y que su misericordia podía alcanzarme aun en medio de mi desierto.
La letra comienza recordando una verdad que atraviesa toda la canción: Dios ya conocía nuestro camino antes de que nosotros pudiéramos siquiera verlo.
“Desde antes que el mundo existiera
ya conocías mi destino.
Antes que abriera los ojos
ya trazabas mi camino.”
Y esa verdad llega hasta una certeza todavía mayor:
“Con amor eterno me has amado,
Tu misericordia me ha alcanzado.”
Ese es el corazón de “Amor eterno”.
No quiero que este video sea una invitación a mirar lo que Dios hizo con Gabriel.
Quiero que sea una invitación a mirar a Dios.
Porque si alguna parte de esta historia puede servirle a alguien que hoy está atravesando miedo, incertidumbre, dolor o simplemente una etapa en la que no logra comprender hacia dónde va su vida, deseo que pueda recordar esto:
que no podamos ver el camino no significa que Dios no lo conozca.
Que nosotros pensemos que algo terminó no significa que Dios haya terminado.
Y que el miedo nos diga “hasta acá llegaste” no significa que esa sea la última palabra.
Dios sigue siendo Dios en medio del desierto.
Él sigue siendo fiel cuando no entendemos.
Él sigue estando presente cuando nosotros sentimos que está ausente.
Y su misericordia sigue alcanzando nuestras vidas.
“Amor eterno” es, finalmente, eso: una canción para recordar que el protagonista de nuestra historia no somos nosotros, sino Aquel que nos amó desde antes de que pudiéramos conocerlo.
A Él sea toda la gloria.
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