Sinopsis de Hasta que nos Enamoremos
Gabriel Bechirah tiene cuarenta años, es el CEO de DMT y lleva puesta una careta que perfeccionó durante años: la del hombre irónico, seductor, imbatible. Detrás de esa careta hay un chico que creció en la escasez y un hombre al que una mujer, Patricia, le enseñó a no confiar en nadie. De esa herida nació A.P.R.I.L., la inteligencia artificial que Gabriel diseñó para mantener al mundo afuera sin tener que admitir que se estaba escondiendo.
Nova Wexler tiene veinticinco años y llega a Buenos Aires desde Icho Cruz, Córdoba, para una entrevista de trabajo en DMT. Es rubia, usa anteojos de montura metálica, es virgen, íntegra y ama a Dios por encima de cualquier cosa, incluido lo que está a punto de sentir. El primer encuentro entre los dos ocurre en una vereda: Nova choca con Gabriel y le tira el café encima. Él la ayuda sin saber todavía quién es. Esa misma noche, en el ascensor de DMT, en la entrevista, en la cena y finalmente en el auto, algo se enciende entre ellos que ninguno de los dos había planeado ni podía nombrar todavía: un primer beso involuntario que los deja a los dos temblando, cada uno a su manera.
Después del beso llega el silencio. Gabriel viaja a París por negocios y ahí aparece la francesa, en una escena donde el lector está a punto de dejar de creer en él. Mientras tanto, en Icho Cruz, Nova sube el cerro con su padre, Jonathan, un hombre evangélico de pocas palabras y mucho peso, en una de las escenas más hermosas de la novela. El señalador que Nova le regaló a Gabriel —un cartón con el versículo de Mateo 6:21 escrito a mano: “Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”— cruza el Atlántico en el bolsillo interior de su camisa, aunque él todavía no entiende por qué lo guarda.
De vuelta en Buenos Aires, Nova va al tríplex de Gabriel con la excusa de unos papeles. Hay tensión, hay cocina, hay bifes a la cordobesa, y hay un límite que Gabriel intenta cruzar y que Nova no está dispuesta a dejar cruzar. Llega el cachetazo: la primera vez que ella misma se sorprende cruzando un límite propio, herida por lo que cree que Gabriel piensa de ella. Pero el mismo capítulo trae la vuelta de tuerca: José, el mejor amigo de Gabriel desde los quince años, le revela a Nova la obra caritativa que Gabriel sostiene en secreto. El hombre que ella creía conocer no es el que pensaba. Esa noche, sin saberlo, los dos escriben —Nova en una nota que deja sobre el escritorio, dirigida a Dios y no a él— la misma oración: paz para Gabriel. Y por primera vez desde que la creó, A.P.R.I.L. no tiene ninguna sugerencia que ofrecer.
Gabriel corre a buscar a Nova a la estación de Retiro sin estrategia, sin careta, solo con una frase pequeña sobre un café derramado. Ahí se rinde. Y ahí, contada por Agustina —la hermana menor de Gabriel, porque él nunca podría haberlo dicho así— llega la historia completa de Patricia y el verdadero origen de A.P.R.I.L.: el momento en que el lector entiende, de una vez, por qué Gabriel es como es. Empieza entonces la etapa más luminosa de la novela: la vida cotidiana de dos personas que se aman en lo simple —la harina en la cocina, el balcón al atardecer, el fútbol los domingos—, mientras Nova, sin que Gabriel lo sepa todavía, empieza a orar en silencio frente a él. “La fe que él había abandonado no lo estaba acusando. Lo estaba esperando.”
El viaje a Icho Cruz trae el pico de felicidad de la historia: Gabriel compra el campo al pie del cerro, se arrodilla en la tierra de Nova y le propone matrimonio con la rosa y el señalador de testigos. Ahí, por primera vez, Gabriel le habla a Dios sin careta: “Porque ahora sé que fuiste vos quien la trajo a mi vida.” Se casan en la iglesia del pueblo. Esa misma noche, Nova sueña con una niña de espaldas y una voz que le dice “sierva buena y fiel” —once palabras que todavía no pesan lo que van a pesar.
La luna de miel los lleva por París, Roma, Venecia y los Alpes, donde descubren que están esperando una hija y lloran juntos, horas, frente al fuego. Pero la felicidad tiene fecha de vencimiento: a Nova le diagnostican una miocardiopatía dilatada idiopática. Los cuatro años que siguen son cotidianos —por eso mismo, brutales. La pequeña Nova crece mirando a sus padres amarse en medio de la enfermedad. Nova, ya sin fuerzas para subir el cerro, le dice a su hija: “Entonces vos vas a ser mi cerro.” Una mañana, mientras Gabriel prepara el café en la cocina, Nova muere dormida. No hay palabras de despedida. Solo el silencio y una taza que se cae.
El último capítulo es la redención. Gabriel se hunde en el trabajo como anestesia, en noches enteras tirado en el piso. Hasta que llega el video que Nova grabó antes de morir: ella hablando desde fuera del tiempo, con la misma calma de siempre, y la pequeña Nova corriendo hacia la pantalla gritando “¡Imma!”. Esa noche, en el living, con la canción “El Buen Pastor” sonando, sin altar ni testigos ni palabras preparadas, Gabriel se rinde a Dios. Reprograma a A.P.R.I.L. en A.P.R.I.L.L. —de una inteligencia diseñada para aislarlo a una diseñada para llevar a otros hacia el Señor— y un empleado de una sucursal, sin saberlo, recibe el Evangelio a través de ella. Sofy, la mejor amiga de Nova, revela por fin las ocho palabras que Nova repetía en oración durante los años de enfermedad, sin pedir nunca nada para sí misma: “Cuida a Gabriel cuando yo ya no esté.” Gabriel decide mudarse con su hija a Icho Cruz. Jonathan, que no había llorado ni en el entierro de su hija, se quiebra por fin: “Dios se llevó a mi niña pero nos mandó dos hijos: vos y la pequeña Nova.” En la cocina de la casa de los Wexler, Gabriel derrama el café —espejo exacto del primer encuentro, capítulo uno—. Agustina vive su propio espejo con un joven que lleva una Biblia. Y en la cima del cerro, con su hija de la mano, Gabriel completa la frase que le da título al libro. La pequeña Nova la termina por él: “sí… hasta que nos enamoremos… de Dios.”
HQNE no es una novela sobre la fe: es una novela donde la fe es el resultado. Recorre siete mensajes espirituales que el lector siente sin que nadie se los nombre —que esperar a la persona indicada vale la pena, que a los que aman a Dios todo les ayuda a bien, que no hay nada que Él no pueda perdonar, que el amor sobrepasa la muerte, que la vida entera es una escuela diseñada por Dios— y los sostiene con tres símbolos que atraviesan los siete capítulos: el señalador con Mateo 6:21, el café derramado que abre y cierra la historia, y el cerro de Icho Cruz, que es, en el fondo, Nova misma.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” — Lucas 19:10
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